HISTORIA DE LA IGLESIA 1. PENTECOSTÉS-REFORMA

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HISTORIA DE LA IGLESIA

Son llamados popularmente “aleluyas”, “hermanos”, “chinquechados”, “protestantes”. De parte de la religión predominante se les llama “sectas”, en un tono despectivo, y en un aparente sentido conciliador “hermanos separados”; y de parte de algunos intelectuales y grupos políticos, “agentes del imperialismo”. Éstos son los adjetivos con los que se hace referencia a los grupos cristianos evangélicos. Pero, ¿cuál es el origen de estos grupos? ¿Qué influencia han tenido a lo largo de la historia del mundo, de México, de Sonora y de Hermosillo? ¿Qué aportación han hecho a la sociedad, la cultura y el desarrollo de las naciones y en especial de nuestra comunidad?
Aclaramos primero que el vocablo “protestante” fue acuñado por la religión católica para referirse despectivamente a los seguidores de Martín Lutero durante la época de la Reforma en Europa, pero de ninguna manera describe a lo que son los grupos cristianos evangélicos. Independientemente de la denominación cristiana que tengan, estos grupos comparten esencialmente la misma base doctrinal entre ellos, y no son una denominación única monolítica como en el caso de la religión católica, los testigos de Jehová o los adventistas. No se pretende con esta reseña ofender al profesante católico, sino  sólo señalar y dar a conocer los hechos históricos de actos cometidos por los líderes de esta religión a lo largo de los siglos contra quienes no profesan sus creencias.
Las fuentes históricas utilizadas para esta recopilación son profesionales de la historia secular y eclesiástica cristiana, basadas en documentación existente en archivos de Estados Unidos, España, Inglaterra, Alemania, México, y otros países latinoamericanos, tanto gubernamentales como de las denominaciones cristianas evangélicas y de la religión católica. Se acudió también a testimonios personales de pastores y líderes de distintas denominaciones. Las fuentes se proveen al final de esta recopilación.

 


INICIO DE LA IGLESIA HASTA LA REFORMA

Jesucristo dijo a sus discípulos poco después de su resurrección: Toda autoridad me ha sido dada sobre los cielos y sobre la Tierra. Y tal como mi Padre me ha enviado, también yo los envío a ustedes. Por tanto, vayan y hagan discípulos en todas las naciones, y bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles que guarden todo lo que les he ordenado. He aquí, yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. (Mt. 28:18-20). Más adelante, previo a su ascensión, ordenó a sus apóstoles: ... pero cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, aun en la región de Samaria y hasta los confines de la Tierra. (Hch. 1:8). La encomienda principal de Jesucristo a su Iglesia fue la de hacer discípulos, es decir, personas que conozcan, aprendan y vivan el Evangelio, para obedecer y agradar a Dios con ello. No sólo llevar el Evangelio, sino principalmente discipular en el sentido de que guarden todo lo que Jesucristo ordenó. Con base en lo anterior podemos afirmar que la Iglesia no es un edificio, templo o construcción alguna ni tampoco religión, congregación o denominación de ningún tipo, sino el conjunto de cristianos genuinos, que viven la Palabra, y cuya preferencia absoluta y más elevada es Jesucristo, que son guiados por el Espíritu Santo, y anhelan obedecer y agradar a Dios.
La institución de la Iglesia cristiana da inicio con el derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés, tal vez unos 50 días después de la resurrección de Jesucristo y su posterior ascensión, aprox. el 33 ó 34 d. C. Esta vigorosa Iglesia se concentraba principalmente en Jerusalén, pero en Hch. 8:1 se nos informa que se inició una feroz persecución contra estos creyentes originales, y ellos se dispersaron por Judea y Samaria; y de allí partieron misioneros rumbo al norte y oriente, hasta Babilonia, India y China. Con la conversión de Pablo en el camino a Damasco se inicia la proclamación del Evangelio hacia occidente, una vez que a él se le encomendó la evangelización a los gentiles (no judíos) en las regiones europeas del Imperio Romano; primero Chipre, luego Grecia y posteriormente Italia. Así surgió la Iglesia cristiana: santa (pura, apartada para Dios), universal (ya no era sólo para judíos, sino para todas las naciones) y apostólica (sustentada en el fundamento de los apóstoles).


MISIONES A EUROPA

En las Escrituras, en Ro. 15:24, 28, el apóstol Pablo manifiesta sus planes de visitar España, suceso que Clemente de Roma confirmó unos 30 años después cuando afirmó que “Pablo visitó los confines de occidente”, y en el fragmento de Muratori del 170 d. C., se señala que Pablo estuvo en España. Estas son las evidencias primarias de la introducción del Evangelio en Europa, y particularmente en España. La feroz persecución de que fueron objeto los cristianos en los dominios del Imperio Romano culpándolos por el incendio de Roma el 64 d. C., hizo que la dispersión y movilización constante llevara el Evangelio a todos sus rincones; tal hostilidad se prolongó hasta el 311 d. C. cuando Constantino detuvo esa persecución, y poco después Teodosio estableció la tolerancia hacia el cristianismo, y hasta la elevó a una especie de religión oficial.
La comodidad de la tolerancia y la cercanía al poder que esto representó, llevó a que la Iglesia se enfriara, secularizara y se apartara de su llamado original. Esto provocó que la sana doctrina se mezclara primero con las costumbres helénicas, y después con el paganismo del Imperio dando lugar a lo que hoy conocemos como la religión católica romana. Ahora la Iglesia se había convertido en “santa, católica, apostólica y romana”; su nombre y sus doctrinas habían cambiado y desviado para siempre. Ya tenía la autoridad religiosa, y poco después asumió también el poder civil, y se convirtió en el gobierno total sobre el mundo romano. Sin embargo, siempre existió un remanente fiel a la sana doctrina, y se constituyó  un eslabón en la cadena continua de disidentes del catolicismo romano que surgieron entre la época del emperador Constantino (siglo IV) y los reformadores del siglo XVI, quienes se conservaron en el camino del cristianismo genuino. Entre el 500 y el 1000 d. C. salieron muchos monjes que al principio predicaban la Palabra, instruían a la gente en labores y artes diversos, pero después se degradaron a los conventos y monasterios echando a perder aquel fervor original. Estas circunstancias derivaron en ese lapso, al que se llamó Oscurantismo, en una prohibición de todo aquello que no encajara con los dogmas de la religión católicorromana, y la quema de obras tanto seculares como religiosas judías; tal restricción se prolongó por siglos. Recordemos como todavía nuestros abuelos escuchaban la misa en latín. Actualmente han promovido más la lectura de la Sagrada Biblia en distintas traducciones, no sólo la Vulgata.


LA INHUMANA INQUISICIÓN

En 1184 surge una de las más inhumanas barbaries de la religión católicorromana que ha conocido la humanidad, llamada la Inquisición. Ésta consistía en procedimientos de tortura y cruel disuasión para combatir las supuestas herejías que surgieron desde el movimiento de los cátaros hasta la Reforma. La Inquisición o Tribunal del Santo Oficio existió con ese nombre hasta 1965 en que se le cambió al actual de Congregación para la Doctrina de la Fe, que era presidida hasta hace unos años por Joseph Ratzinger, hoy papa Benedicto XVI. Durante su papado, Juan Pablo II pidió “perdón por los errores que hubieran cometido los hombres de la Iglesia a lo largo de la historia, así como por haber dejado de hacer el bien necesario en favor de judíos y otras minorías perseguidas”, reconociendo explícitamente la existencia y crueldad de la Inquisición.


LAS CRUZADAS Y EL MOVIMIENTO DE REFORMA

Del año 1095 al 1272 se realizaron las sangrientas y fallidas “Cruzadas”, promovidas por el clero para reconquistar Jerusalén del dominio musulmán. En medio de toda esta depravación de la religión católica, para el año 1100 ya se vislumbraban los primeros destellos de reforma, como el movimiento de Pedro Valdo (valdenses) en Francia e Italia; los lolardos en Inglaterra, seguidores de John Wycliff, quien logró un sustancial avance pues tradujo las Escrituras al inglés entre 1380 y 1384, la cual preparó el camino para la Reforma; Johan Huss (husitas) prosiguió la labor de Wycliff en Bohemia, mientras Savonarola predicaba en Italia, cuya proclamación era un auténtico llamado a la Reforma. Todos ellos eran monjes, pero estaban conscientes de la depravación y corrupción que existía dentro de su religión romana, y eran opositores a la doctrina papal, y por lo mismo fueron reprimidos y martirizados, y sus movimientos abatidos sangrientamente por órdenes del papa en turno. Pero su labor en Italia, Francia, Inglaterra y Alemania fue el preludio para que otro monje opositor clavara sus 95 tesis en la puerta de la catedral de Wittenberg en oposición a la doctrina papal, particularmente contra las indulgencias. Dio inicio así el 31 de octubre de 1517 el movimiento de Reforma de Martín Lutero. La invención de la imprenta por Gutenberg en 1455, había facilitado la rápida impresión y difusión de las ideas, y así la gente había tenido acceso de manera económica a las Escrituras, ya que fue el primer libro que él imprimió. Esto permitió que el pueblo pudiera darse cuenta durante 60 años de que las doctrinas católicas no eran congruentes con lo que enseñaba la Escritura, y allanó el camino para la aceptación del movimiento reformista cuando éste llegó.
El movimiento de Reforma consistió básicamente en una oposición a todo lo que no se sustentaba en las Escrituras, así como en un abierto ataque a la autoridad del papa y de los sacerdotes, y que fue manifestado en las 95 tesis que, aunque se concentraban más en un desacuerdo por la venta de indulgencias, el objeto final era la Reforma de la Iglesia, cosa a la que el Vaticano se opuso ferozmente. Durante las 6 décadas previas, la invención de la imprenta había facilitado el acceso masivo a la Escritura, de modo que el ambiente estaba preparado para la Reforma debido a que ahora el pueblo tenía punto de comparación con lo que decía la Palabra y lo que hacían los papas y el sacerdocio en general. La incongruencia era evidente, y sólo era cosa de que alguno se lanzara para que los demás lo siguieran, cosa que sucedió con Martín Lutero en Alemania. Así dio inicio el movimiento de Reforma, el cual transformó a Europa y al mundo, llevando al ser humano a altos niveles de libertad y conciencia, lo cual resultó en avances científicos y tecnológicos nunca antes logrados.

 

VER: Historia de la Iglesia 2. Del movimiento de Reforma a las misiones a América.

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